Las drogas son malas (con ejemplos y casos prácticos).
Queridos niños: no debéis drogaros. La droga hace pupita. Es malina, malina. La droga te hace hacer cosas de las que luego te arrepientes. Para que lo entendáis, os voy a contar unos sucedidos de mi ejemplarizante vida.
Recuerdo una vez que salía de un bar de copas un domingo por la mañana (lo que viene siendo una noche larga). En aquella época, nos había dado por ser surferos. Yo hasta me había comprado un traje de neopreno que, cuando me lo ponía, me metía chorizos Revilla enrollados por la tripa para que pareciera que tenía abdominales. Me llamaban "El Barbacoa". Pero bueno, que me distraigo. El caso es que salíamos extrañamente felices del bar. Digo extrañamente felices porque lo normal era salir echando la raba. Nos pusimos a hablar de olas y, tanto, tanto me emocioné, que me subí a una especie de tapia que quedaba como a dos metros del suelo. No preguntéis por qué. No hay explicación. El caso es que me subí e inmediatamente empecé a hacer mi perfectísima imitación de surfero californiano. Piernas flexionadas, brazos en cruz, gesto altivo...
- Mirad, mirad cómo domino la ola... ni me mojo el flequillo.
- Ahí, ahí dale... vamos... ¡¡¡entra en el tubo, haz un 360!!!
En esas estaba yo, jaleado por mis amigos desde la acera, todo feliz, cuando se produjo la tragedia. Una voz grave (pero se salvará) me gritó desde el otro lado de la tapia : "Pero hombreeeeee... que hace usteeeeeddddd".
Lentamente volví la cabeza, despacio, como a cámara lenta. Más que nada porque si la movía rápido me mareaba. Bueno, pues mis ojos se hicieron como los de una muñeca manga cuando descubrí lo que había al otro lado de la tapia. La banda de viento la Guardia Civil, junto a unos 100 agentes vestidos de gala, el alcalde, autoridades, unas 500 personas de público y creo que incluso Ruiz Gallardón estaban allí. Todos mirando. Mejor dicho, admirando mi estilo surfer. Vaya por Dios, mi ola daba por su cara este al homenaje a la Guardia Civil. Estuve tentado de hacer el saludo surfer, ese que parece que pones cuernos pero con el meñique y el pulgar... pero opté por bajarme al ver la cara de "Estupendo, ya tenemos nuestra excusa diaria para soltar ostias" que se les ponía a los de verde. Justo cuando saltaba de la tapia, escuché a la banda de viento interpretar magistralmente el "Manoleteeee, Manoleteeeee, si no sabes toreaaaar pa que te meteeeesss".
Y yo no soy el único que sufre con éstas cosas. Tengo un amigo al que llamamos Borrasca. El apodo es curioso. Le viene porque cuando estábamos en la edad del pavo hicimos una fiesta en un local abandonado. Ya sabéis, la típica fiestuqui para mamarse, liarse con alguna, terminar pegándote con un amigo... Algo sano y normal.
En los preparativos para la fiesta, dudamos entre hacer ponche o sangría. La sangría en sí es otra droga. ¿Alguien que lea ésto no se ha pillado un pedete de sangría? Yo creo que Adán no mordió la manzana, la cagó con un vaso de sangría, porque no hay Dios que se le resista en verano. Volviendo al tema, durante la preparación del fiestón tuvo que saltar el puto vicioso de turno con su idea genial:
- Estoy pensando... que como tenemos todas los éxtasis y los tripis que sobraron de las navidades, podemos echarlas al puchero de la sangría y así le damos más vidilla.
- Sí, vamos, como los trocitos de fruta pero con más guasa.
No hubo objeciones, claro. Cuando se masca la tragedia, nadie dice nada. Pero luego todo el mundo suelta lo de "Yo ya sabía que no era buena idea...".
El caso es que la fiesta iba bien, todos pedillos, yo ya había lamido pechuzo a alguna... y en éstas que viene mi amigo Borrasca (por aquel entonces Raúl), que llegaba de trabajar de cocinero y venía todo sudoroso.
- ¡Ostias!... sangría, ¡qué rica!
Tengo que indicar que el Borrasca, además de medio bobo, era un tragón de cojones. Así que, ni corto ni perezoso, agarró la cazuela de la sangría y, sin vaso ni nada, a lo neanderthal, empezó a engullir y a tragar más que Heather Brooke (buscad en internet y sabréis a qué me refiero). Yo creo que se pipló un litro... y encima de lo último, donde estaba la "chicha", los tropezones de la risión.
Naturalmente, nadie dijo nada. Los amigos estamos para eso, para gozar cuando otro sufre desgracias. Callados como putas nos dispusimos a disfrutar del espectáculo que el Borrasca estaba próximo a ofrecernos. Efectivamente, no nos defraudó.
Comenzó sudando. Parecía Camacho en la final de la Copa del Mundo. Se quitó la camisa, dejando sus hermosas lorzas al aire. Luego empezó a bailar como si hubiera pisado un cable pelado. Y ya, por fin, llegó el momento cumbre de la velada:
- Joer, joer, joer... no sé, no sé qué me pasa, pero creo que tengo que correr un rato.
Y dicho eso, salió escopetado de la fiesta. Nos fuimos detrás de él, pero era inútil. El Borrasca era una bala humana. Sus piernas eran como abanicos, sus Nike crujían bajos sus pies sometidas a un brutal esfuerzo, los árboles doblaban sus troncos a su paso, la aspiración que dejaba le hacía arrastrar una hojarasca... era, en esos momentos, el animal más rápido del planeta.
Inútil seguirle, al menos con medios humanos. Lo peor era que se estaba acercando a la N-VI. Temimos que provocara algún accidente por adelantar a los camiones que sólo iban a 80 km/h. Así que uno de los presentes me dijo:
- Vamos, que éste se nos pierde. Vamos en mi moto...
La moto era de un modelo mítico... una Puch Borrasca. Me subí, ágil y rápido como una gacela Thompson e iniciamos la persecución del balín humano.
Poco a poco nos fuimos acercando, siguiendo la estela de fuego que dejaba. Al fin, con la Puch rugiendo a tope, nos pusimos a su lado:
- Detente, insensato. Cuídate de no hacer algo que te apesadumbre el resto de tiempo que emplees en tu vagar por el mundo. - Le grité utilizando la jerga típica de los jóvenes.
- No puedo... mi tripa es como una caldera... ¡¡¡¡estoy como recargado!!!!! - Gritaba el pobre hombre, con los ojos llenos de lágrimas, más de la velocidad que de otra cosa.
El caso es que apretaba el paso, el de la Puch aceleraba a tope, a tope... y, etonces, se escuchó un petardazo... y lo perdimos para siempre. Bueno, para ese día.
El de la Puch sollozoba... "El motor, ha reventado el motor". Pero yo creo que el ruido fue emitido por el propio adolescente al superar la barrera del sonido.
En cualquier caso, pronto nos vimos rodeados del resto de amigos que llegaban en sus ciclomotores. Se arremolinaban a nuestro alrededor asombrados de la escena que habían presenciado desde la distancia.
- Dios mío, Dios mío... es un milagro... ¡¡ha podido con la Puch Borrasca!!... es... ¡el super-Borrasca!.
A todos nos invadía la tristeza. No por el Borrasca, cuyo mote acababa de nacer. Sino porque no teníamos el teléfono del camello que nos había vendido una mierda tan cojonuda.
Bueno. ¿Véis, queridos niños?. Las drogas son malas. No debéis tomarlas. Que se empieza con una raya de coca... y se acaba dirigiendo una gran compañía.








MM dijo
Encuentro muy acertado y educativo tanto el artículo en contra de la drogadicción como el tag de coito anal.
Bienvenido, amigo!
13 Abril 2007 | 02:23 PM