Como motorista, amo de la pista, que soy, he tenido numerosos y variados encuentros con los "pimientos verdes". Algunos muy buenos, otros buenos y algunos muy malos. Los Guardias Civiles son como los pimientos de Padrón. Normalmente, salen buenos, pero el que sale "picón", te jode el día.

Entre todos mis encuentros se lleva la palma uno que me sucedió allá por el... mmmm... no sé, año 1991 o 92, ahora no lo recuerdo.

Tenía yo por entonces una CBR 600 recién estrenadita, apenas tenía un mes y acababa de terminar el rodaje. Justo coincidía que se celebraba la concentración de Marbella (en pleno apogeo con GIL trincando). Me pareció que era una buena ocasión para probar el "grillo" en carretera y darle un poco de cera al motor.

En estas cosas te lo pasas bastante bien pero, como lado negativo, hay que decir que son auténticos criaderos de falos. Vamos, que normalmente no va ni una tía "suelta". Por hacer un símil, es como un caladero de pesca... un faladero. Por ello y dada mi natural tendencia a querer coito tras una noche de copas, me agencié una perraca que me acompañara a dicho viaje. Estaba bastante rica... aunque no recuerdo su nombre.

El caso es que iniciamos el viaje sin novedad. El grillo bien, 220-230 km/h (qué tiempos aquellos sin radares...), no era muy incómoda... a unos 200 km de Madrid, tuvimos que parar a echar gasolina. La perraca, a la que llamaremos "Perri" a partir de ahora, aprovechó la parada para ir lavarse el chirri, cortarse el pelo, depilarse... y qué se yo qué más... porque digo yo que eso es lo que hacen las tías cuando van al baño, que tardan cuatro horas.

Yo soy de naturaleza despistada... y cuando terminaron de echarme la sopa, coloqué la bolsa del depósito, pagué... y arranqué. Llevaba algo así como 45 minutos de viaje cuando veo a la Guardia Civil parada en el arcen. No hay problema, bajo a 140 km/h y ya está... pues no. Veo que me hacen señas para que me detenga a un lado. Inmediatamente, los huevos se colocan justo debajo de las orejas... ¿qué querrán éstos...?. Veo que el tío se la vuelta y mira la matrícula de mi grillo...

- Buenos días, caballero.
- Buenos días, oh dilecto agente, adalid de la justicia, bello justiciero que cabalga cual caballero en montura de hierro, haciendo que la paz, el orden y la justicia impere en nuestras vidas.
- Amos a ver, pollo... ¿Ande va usted?
- A Marbella, amable a la vez que autoritativo miembro del cuerpo de seguridad y, permítame que se lo diga, ¡vaya miembro!
- Ya... y... ¿no le falta a usted algo?

En ese momento me quedo extrañado... leches... a ver... llevo casco, pantalones puestos, la bolsa del depósito, los condones... los condones... ¡coñoooo!... ¡el chochito para los condones!

- Lamdrequemeparió, señor picolo... me va usted a disculpar, pero es que me he olvidado a Perri en la gasolineraaaaa.
- Lo sabemos, escoria... ha contactado con una patrulla que se ha parado en esa misma gasolinera, para ver si le podíamos localizar a usted.

Ay, ay, ay... madreeee... qué cabezaaaa. Tomé el primer cambio de sentido y volví sobre mis pasos en busca de Perri.

Allí estaba, efectivamente. Creo que ya había hecho pis, porque había pasado hora y media... Me la encontré junto a un Nissan Patrol de la G.C., con lágrimas en los ojitos. Se me cayó el alma a los pies al verla. No por ella, claro... es que había dejado mi casco en el suelo.

- Ayyy... hijaaa... lo sientooooooo... que me he despistado y como estabas en el baño...
- Hips... cómo... hips... te has podido ir.... hips... y dejarme aquí...

En ese momento intervino uno de los agentes.

- Ya le vale a usted, dejarse así, olvidada, a una princesita como ésta.

El tonito del agente ya me pareció algo sospechoso. Lo de "princesita" me sonó a buitre leonado.

- Ya... bueno... pues nada, Perri... venga, monta y nos vamos... ya lo hablamos nosotros si eso.
- No... gilipollas.... hips...que llevo aqui hora y media... hips... que pensé que dormía apoyada en el surtidooorrr... buaaaaaaaaa

El buitre volvió a opinar:

- Es que ya le vale a usted... yo jamás me hubiera olvidado de una chica tan guapa...
- Ya, no me extraña, tiene cara de ser virgen...
- ¿Eh?
- Nada, nada... bueno, Perri... ¿montas... o qué?
- Señorita... mire... si quiere, nosotros vamos a Marbella, como refuerzo para la concentración... si quiere... se viene usted con nosotros, en el patrulla...
- Peroooo... amos a verrrr... cómo se va ir con ustedessss... si ella quiere ir en moto, conmigo... tan agustito...
- ¡No!... yo ya no quiero ir contigo... me voy con ellos en el coche.
- Pues nada, vámonos... y usted... despacito y delante nuestro todo el camino, que no le perdamos de vista.

No me podía creer lo que me estaba pasando. El picolo me estaba levantando la chuqui delante de mis narices. Y, encima, yo con 100c.v. debajo del culo... y a ritmo de Nissan Patrol de la G.C.

Total, que me hice 400 km a 90 km/h, viendo por el retrovisor como el picolo le hacía bobaditas a mi "ex", que se reía tan agustito. Y encima, cada vez que aceleraba un poquito... me ponían las sirenas y , ¡ale!... a ponerme otra vez a 90 km/h.

Pensé que la cosa se tranquilizaría al llegar a Marbella. Había cogido una habitación en un hotelito de 5 estrellas, por aquello de coitear en sábanas limpias... Pues nada, la tía, nada más llegar, desapareció y no supe de ella en los 4 días que duró la concentración.

Naturalmente, hice lo que cualquier persona civilizada hubiera hecho en mi lugar: beber, caerme con la moto, beber más, liarme con la novia de un amigo. Lo típico.

El último día, con una resaca de esas de "yo no vuelvo a beber nunca más" tomé el camino de salida hacia Madrid. Iba atravesando Marbella cuando, en un cruce, veo a la G.C. controlando el tráfico. Me fijo... y es, precisamente, mi amigo. Veo que un par de calles más allá tienen el patrulla aparcado.

Nuevamente, esa voz maligna que llevo en mi interior empezó a hablarme. Cagonlá... que siga haciéndole caso... El caso es que me desvié en un cruce antes de llegar donde mi amigo... rodeé un par de manzanas... y me planté delante del coche patrulla del buitre. Discretamente me abrí la cremallera del mono y empecé a mear en la puerta del conductor, haciendo fuerza para que el chorrillo cayera bien en la zona de la cerradura y la maneta de apertura.

En esas estaba, con mi mejor sonrisa maligna... cuando empiezo a oir risas y aplausos a mi espalda. Me vuelvo y... detrás mío hay un bar con unos 500 "Ángeles del Infierno", los barbudos de las Harleys, que miden 2 metros (de ancho). Los tíos están borrachos perdidos (osea, normales) y al verme mear en el coche patrulla... se animan. Más aplausos... se viene un gordo que se pone a mear conmigo... de repente... una lata de cerveza se estrella contra el cristal del coche, a pocos centímetros de mí.

Mi sexto sentido, el mismo que me advierte de cuando un pedo no es sólo pedete, sino que viene con "amigos", o el que me indica que una tía me va a dar boleto cuando al entrarla me contesta "pero si eres ejquerooosssoooooo"... ese mismo, me dijo que me fuera de allí cagando leches, que algo gordo se cocía...

Me guardé el instrumento del goce y me fuí para mi moto... mientras más latas de cerveza volaban contra el patrulla... Me monté, arranqué y al pasar por delante del coche... ya había dos gordos subidos al capó, mientras otro arrancaba el retrovisor y otro más estampaba una silla contra el cristal trasero. Mi amigo el levanta-novias ya se había pispado de la escena y venía corriendo...

La CBR600 daba 100cv y tenía de velocidad máxima 230 km/h. Eso decían. Juro que volví a Madrid en 20 minutos. Creo que mi velocidad media fue de 300 km/h. Cuando llegué a casa, la aparqué en el garaje con la matrícula contra la pared y la tapé con una manta. Estuve 10 días pensando que alguien me seguía.

Naturalmente, lo primero que hice fue vender la moto. No por nada... es que vi que se me quedaba corta para huir.