Al fin he vendido la casa que tenía con mi ex. Ha costado. Y mira que pensé que iba a ser rápido. Creía que mi glamour atraería a cientos de compradoras. Esperaba ver a miles de viudas ricas, jóvenes caprichosas y niñas de papá haciendo cola para ver la casa donde vivió su ídolo. Pero nada... y eso que dejé calzoncillos repartidos estratégicamente por toda la casa. En fin...

Bueno, que ya puedo comprarme mi propio pisito de soltero. Esto, en principio, debería ser motivo de júbilo. Pero no. Me provoca zozobra en el ánima, congoja espiritual y cimbreos en los cimientos de mi estabilidad emotiva. Osea, QUE ESTOY HASTA LOS COJONES.

Que el temita de la vivienda está mal, ya se sabe. Pero cuando uno lo sufre en sus prietas y turgentes carnes, es otro cantar (del mío Cid).

Lees el anuncio: "Precioso apartamento, listo para entrar a vivir". Por teléfono te lo ponen aún mejor "Es una cu-ca-da, con su cocinita, su saloncito..."

Las primeras veces, te crees que utilizan tantos diminutivos porque la vendedora es una cursi. ¡Qué coño!. El concepto de cocina americana ha sido reinventado. Ahora es posible hacer de vientre, echarse una siesta y freír un huevo, todo a la vez. Los pisos ya no se miden por metros cuadrados, se miden por pasos:

- Un paso al frente, y está usted en la cocina... si da un paso a la derecha, es el centro del salón, otro paso al frente y tenemos el dormitorio... ¡no!... espere, no de el paso tan largo, que eso ya es el apartamento de enfrente.

Hombre, que todo tiene sus ventajas... ahora las inmobiliarias te pueden enseñar 28 pisos en una hora:

- Este es el salón-cocina-dormitorio, es es el baño. ¿Vemos el siguiente?

El otro día me enseñaron un bajo que era una cu-ca-da. Pues bien, al entrar, le solté al vendedor:

- Oiga... es que esto es un armario.
- Bueno, bueno... tampoco se pase.
- Coño... es que no ha quitado usted ni las perchas que cuelgan de la barra.
- Hombre, ya le advertí que estaba para reformar.

Los vendedores, curiosa especie. Son genios. Genios de las matemáticas y la economía:

- Buenas, quería ver apartamentos. Mi límite son los 230.000€.
- Vayaaaaaaa... qué lástima... por un poquito má se puede usted ir a un pisito de dos dormitorios.
- ¿Ah?... ¿sí?... ¿cúanto es ese poquito?
- 360.000€

Son genios del transporte. Mejor dicho, del teletransporte:

- Desde aquí, en 15 minutos, está usted en Plaza Castilla.
- Ya... eso si no me paran en la aduana, ¿no?
- No es lo normal. Ni a la entrada, ni en las dos escalas que hay que hacer.
- Si ya decía yo que me parecía extraño que cuando dije que venía a ver este piso mi familia se empeñara en venir a despedirme...

Y peor es lo de la obra nueva. Me encantan los planos que hacen los arquitectos:

- Mire, y éste es el dormitorio, mire que amplio.
- Ya... un momento... espere... según la escala... estooo... estooo es metro y medio... ¿cómo es posible que entre la cama de matrimonio, dos mesillas, un Jeep Grand Cherokee, un señor de Cuenca...?
- Estoo... no... hombre, son los juguetes del niño, que los ha dibujado ahí el arquitecto. Es que tiene unos detallitos...
- Ya... ¿entonces... la cama?
- Es que la vivienda es estilo prisión turca. Duerme usted de pie, pegado a la pared. No se agacha bajo ningún concepto. Se ha demostrado que es lo mejor para la espalda.

En fin... que yo no sigo buscando. Estoy viendo la National Geographic, aprendiendo un huevo del topo almizclero-pardo. Me voy a hacer una madriguera de topa madre... tengo algunos problemillas, sobre todo con los padrastros al excavar, pero ya tengo hecha la entrada de la galería principal.