Hoy quiero dedicar mi post a los gases.
Cuescos, pedos, whiskys, flatulencias, puns, zurraos, ventosidades, mofetas... ¡Qué infravalorados están!
Un pedo es un amigo fiel que siempre nos acompaña en las situaciones delicadas.
Vas a cenar a casa de los padres de tu novia, para conocer a su familia. Con todos reunidos en la mesa, ¿quién viene a visitarte?. Efectivamente, tu amigo el cuesco. Y toca ponerse morado de aguantar, algo totalmente inútil, ya que el pedo es un alma libre, un ejemplo de naturaleza desbordada e incontenible. Sólo queda rezar para que la familia tenga perro y esté tumbado debajo tuyo. O que la abuela esté sentada a tu lado. En cualquier caso, un buen cuesco hace que no vuelvas a tener que visitar a tu suegra en una buena temporada. Gracias a tus gases.
Otro ejemplo. Estás en el trabajo. Llevas toda la tarde en tu sitio, a tus cosas. Tu amigo el cuesco viene a verte y le dejas salir con alegría. Es en ese preciso momento cuando media oficina decide venir a hablar contigo. No tenían otro momento. Y así, cada uno de los que viene a verte, se lleva un trocito de tu cuesco. Y ni siquiera dan las gracias. A cambio, las reuniones son más cortas y es probable que te libres de algunos marrones. De nuevo gracias a tus gases.
Los pedos, no se sabe bien por qué, sienten especial predilección por los lugares angostos. Cuanto más pequeño y más poblado es el recinto, mejor. Ante la estrechura, ellos se crecen. Ascensores, microcoches, cabinas, vagones de metro en hora punta... les encantan. Y si están llenos de gente, se vuelven locos por salir. En ese momento, se acabaron las apreturas, todos te hacen un hueco y ya vas más cómodo. ¿Gracias a quién? Efectivamente, a los pedos.
Los peditos a veces no vienen solos. Para completar la fiesta, se traen a su amiga la nicotina, el frenazo, la zurraspa, el filete de anchoa... ¡Qué algarabía! Vienen de la mano e intentan salir al exterior. En ese momento en el ano se produce el efecto "portero discoteca". Es decir, el pedo pasa, pero el frenazo no. Y ahí se queda. Normalmente, este fenómeno suele ocurrir a primera hora de la mañana, por aquello de empezar bien el día. Y desde ese preciso instante, todas tus preocupaciones desaparecen y ya sólo piensas en si habrá traspasado el pantalón. ¿Ves? ¡Adiós estrés! ¡Adiós a los problemas!
¡Qué poco estudiados están los pedos! Hay miles de preguntas sin resolver. Por ejemplo, ¿por qué nos gustan los nuestros y los de los demás no? ¿Se podrían utilizar como bio-combustibles?, porque, si así fuera, sólo la línea 10 del metro podría alumbrar Madrid.
Yo entiendo que estamos en época de crisis, pero creo que merecería la pena dedicar parte del presupuesto del Estado a su estudio y aprovechamiento.
Bueno, pues nada. Espero que a partir de ahora cada vez que os zurréis recibáis con un fuerte aplauso a vuestros fieles amigos, que tanto y tanto bien os hacen.
Felices gases.

